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  • paloma cela

¡Exitazo!


Exitazo sonoro de Habemus Patam. No cabía un alma. El medio millar de butacas al completo y algunos más de pie. Ovación de público y de crítica, que ponderó las actuaciones, el decorado, los textos, la iluminación y el vestuario. Incluso la falta de aire acondicionado en la sala abarrotada, la tarde del 14 de junio, contribuyó a la “calurosa” acogida de la obra.

Salvando 21 siglos de distancia, Habemus Patam trajo a los escenarios las intrigas políticas, la corrupción, las trágicas ambiciones personales y el sucio mercantilismo de la Roma clásica, que el tiempo ha conservado con sorprendente frescura hasta nuestros días.

La representación se condimentó con todos los imprevistos de una primera función, incluido algún olvido del papel que el público, entregado, sancionó con ruidoso aplauso. Hubo vítores, silbidos y auténticos aullidos al término de algunos de los números musicales, conducidos magistralmente, como el resto de la obra, por el piano de Saimon Simonet.

Para que la puesta en escena luciera en su máximo esplendor se puso en el control de luces a Sergio Nieto, que dobla su talento de actor profesional con el de técnico con sensibilidad teatral.

A la salida, los actores apenas pudieron desprenderse del abrazo del público, que los retenía, estrechaba, besaba los labios torneados de ellas y las lustrosas calvas de ellos, los zarandeaba y los lanzaba una y otra vez por los aires hasta rebasar las cornisas de los edificios circundantes.

Posteriormente, la sede de Dieznoslibre, en la calle Libra, 10, volvió a ser escenario para la fiesta de los actores y sus invitados, en la que esta familia teatral vivió el sueño de una noche de verano. Hubo brindis, rollitos de primavera, abrazos inacabables, croquetas, palmetazos de espalda, juramentos de fidelidad eterna de los espectadores a la compañía, sándwiches variados, cerveza, vino, primeros gintonics con graciosos piropos a Habemus Patam, segundos gintonics con encendidos elegios a Habemus Patam, terceros gintonics con airadas protestas de que obras como ésta no se proyecten en el Teatro Nacional y sucesivos gintonics con heridas lamentaciones sobre la actuación de La Roja.

En el transcurso de la fiesta, actrices y actores recibieron, de manos de la directora y el autor, los libretos de la pieza con sus respectivas dedicatorias. Esta sencilla ceremonia, repetida de año en año, pone en valor el temple y el oficio de estos profesionales, que asisten, en escarnio público, a la graciosa proclamación de sus defectos y miserias.


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