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  • paloma cela

Teatro serio


Teatro serio.

- ¿Calle Libra 10?

- Sí, Libra 10.

- Muy bien. Le llega el taxi en cinco minutos.

- Buenos días. Nos lleva, por favor, al teatro del Ateneo, en la calle Prado.

- Vamos allá. Perdone la pregunta, ¿hay función de teatro por la mañana?

- No. Vamos a ensayar. Somos una compañía amateur.

- ¡Anda, qué bueno! Y ¿cómo se llama la compañía?

- Dieznoslibre

- ¿Cómo?

- ¿En qué dirección nos ha recogido usted?

- En la calle Libra, 10.

- Pues de ahí, “Diez-nos-libre”

- ¡Anda, qué bueno! Como si fuera un juego de palabras. Pues, ¿saben ustedes que a mí el teatro me gusta?

- No nos habían dicho nada en Radio taxi

- Pues, sí. Me gusta, me gusta. No todo, ¿eh? Porque hay cada bodrio… a mí, además, me gusta el teatro serio, no la típica chirigota. Yo no soy de payasadas. O de revistas musicales. No voy ahí a la risotada, a la verdusconería, a la…

- Usted es más de teatro serio

- Pues, sí, ya le digo. Me gusta eso de que unos personajes estén en plan normal, en su casa, por ejemplo, hablando de cosas normales. Y, de repente, alguien dice algo que, sin saber por qué, y todo se da la vuelta. A cada uno le empieza a apretar el zapato a su manera y, cuando te quieres dar cuenta, te encuentras con unas tragedias personales que todos las tenían tapaditas pero que les estaban consumiendo a todos. Y ¿por qué? No porque hayan hecho cosas raras ni hayan llevado vidas de aventura. No, es porque, muchas veces, la forma en que nos tratamos las personas, unas a otras, a posta o sin darnos cuenta, nos hace un daño tremendo y dejan luego heridas

El taxímetro corre alegre por la carretera de Castilla

- Y eso es lo bueno del teatro serio, para mí. Luego vuelvo a mi casa y me digo: pero si es que es así. Y a lo mejor la obra era un poco rollo, pero me ha dado qué pensar. Me ha hecho ver las cosas que uno, día a día, no ve, porque está a lo que está, al trabajo, a las noticias, al colegio de los críos. Y el teatro serio te saca eso, la porquería que todos acumulamos dentro.

Llegamos al primer semáforo y el taxímetro se relaja.

-Y ustedes, ¿qué teatro hacen?

- Lo nuestro es más bien comedia- dice intrépidamente el autor. De risas.

- Pero comedia en verso- suaviza la directora. – Además, en clave de humor también hacemos crítica social, política, histórica…

- Ya. Y lo de la muleta… ¿una mala caída?

- En la moto- contesta el autor. -Me dio un coche y me tiró.

- ¿Ve usted? El tráfico. Ese es otro ejemplo de lo locos que estamos y de cómo vivimos. Las prisas. La falta de respeto. Es la ley de la jungla. Y claro en la moto es usted el parachoques. Y ¿cómo fue?

- Al salir de un semáforo. Me dio por detrás un taxi.

- Bueno, y también que las motos se te cuelan por todas partes y no las ves. A más de uno le quitaba yo la moto y el carné. Pues lo de la comedia pero con crítica, con fondo, también lo veo –ahora se dirige exclusivamente a la directora, que le parece persona más razonable. –Pues aquí estamos, ya. Veintitrés con cuarenta, por favor. ¿Cuándo estrenan ustedes?

- Mañana a las siete. Función única- sonríe la directora, disculpándose.

- Pues mañana a las siete me tiene usted aquí-. El autor repara en que el sujeto excluyente de “me tiene usted aquí” vuelve a ser su mujer. -¿Para teatro amateur hay que pagar entrada, o algo?


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